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Cuando se quiere viajar y conocer nuevos destinos, sólo hay que dejar la mente volar y eso es lo que ha hecho nuestra invitada de hoy, Verónica Balado, una joven de A Coruña que nos cuenta su historia de cómo ha hecho para viajar y conocer diferentes lugares así como aprender idiomas mientras trabajaba en el extranjero. No te la pierdas, tal vez pueda inspirarte.

 

Cuando la mente vuela, por más que el cuerpo intenta establecerse en un lugar fijo y seguro, nosotros/as volamos con ella. No sé si para bien o para mal, pero mi mente siempre me ha transportado a otros lugares en los que la palabra aventura cobraba el mayor de los significados.

En mi imaginación nunca había tenido problema para comunicarme con aquellas personas con las que me topaba. Sin embargo, al despertar me daba de bruces con la realidad: ¿cómo iba a poder viajar alrededor del mundo sin saber inglés? Nunca antes había tomado en serio a ese elenco de gente que defendía a uñas y dientes la lengua “shakesperiana”. Nunca. Hasta que viajé a Brighton (UK) para visitar a mis primos allí instalados a causa de la emigración de mi tía (allá por aquellos tiempos en los que gallegos y gallegas nos propusimos conquistar el mundo).

Tras explorar durante un mes de verano (para ser más descriptiva: un julio teñido de borrascas) las costumbres inglesas, me prometí a mí misma que regresaría a las islas una vez terminada mi carrera universitaria. Antes de volver a caer en manos del “fish and chips” y el “english breakfast”, amplié mis horizontes viajando a la capital francesa y la reconstruida ciudad de Caen (Baja Normandía). Allí, una amiga estudiaba su año de erasmus. La “lengua más sexy” del mundo no consiguió cautivarme y finalizados mis estudios como Educadora Social, sobrevolé (y esta vez no sólo con la imaginación) la península y me instalé como “au pair” en Leeds.

¿Y qué es eso de “au pair”? Básicamente, eres una niñera que vive en casa de sus jefes. Si estás mal de dinero y no controlas mucho el idioma es una buena opción para empezar una nueva andadura en otro país. Así te haces a la idea de que, a partir de ahora, las 24 horas del día vas a tener que hablar, pensar e incluso soñar en una lengua que, aun a pesar de haber estudiado durante años en la escuela, es completamente una desconocida para ti.

En mi caso la aventura duró nueve meses, y puedo decir a ciencia cierta que tras el primer mes ya había superado el pánico de tener que preguntar en el supermercado si había alguna bebida de oferta. Hice muchas amistades (y muchas de ellas “made in Spain”, of course) y viajé mucho durante ese período. Ya no sólo por Reino Unido: Manchester, Liverpool, Londres, York, Edimburgo,… si no que descubrí otros países de la geografía europea como Holanda o Italia.

Una vez de vuelta, intenté disfrutar de mi familia y mis amigos. Pero había algo que me carcomía por dentro.

– ¿Cómo puedes seguir soñando con otros horizontes? ¿No ha sido suficiente lo que has vivido hace apenas unos meses? – le pregunté a mi mente soñadora.

Nunca la había notado tan excitada. Intenté distraerla con viajes a la playa, promesas de paseos por el bosque…Pero ella tenía claro lo que quería:

– Quiero vislumbrar nuevos horizontes.-susurró

Y yo, una persona que antepone sus sueños a cualquier otra cosa, busqué rápidamente la manera de volar (de cuerpo y alma) hacia un nuevo lugar. Así, viví los mejores 10 meses de mi vida como voluntaria europea en Vilnius (Lituania). Pude trabajar en un proyecto en el que creía (fui profesora auxiliar en un Kindergarten), conocí a otras personas que compartían mis inquietudes e intereses y, sobre todo, exploré una cultura completamente nueva y antes desconocida para mí. Y seguí viajando, mucho, y alimentando el fanatismo volador de mi compañera mente. Bielorrusia, Georgia, República Checa, Hungría, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Polonia, Suecia, Alemania… Resultó maravilloso pasar unas navidades en otro país, hacer autostop y comprobar que hay personas maravillosas en cualquier parte del mundo.

A mi vuelta, me instalé en la capital española para hacer realidad otro de mis sueños: dedicarme a mi profesión. Y aunque realicé un viaje a Marruecos hace no mucho, mi compañera de camino ya reclama otra estancia en tierras lejanas para saciar su sed de aventuras.

 

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