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Siguiendo los pasos de nuestra nueva sección Me voy al Mundo, hoy traemos la historia de una joven de Madeira adicta a los viajes que ha recorrido más de 30 países de todo el mundo y aquí nos cuenta cómo lo ha hecho. Se llama Joana Passos y esta es su historia.

 

Me he convertido en una contadora de historias y ahora ya no puedo parar.

Hola a todos! Hoy he recibido un whatsapp de mi querida abuela (sí, ella entiende de tecnología), diciendo que tenía que publicar la historia de mi vida, y como yo no quiero desobedecer a los ancianos, aquí va:

Mi nombre es Joana Passos, tengo 29 años, soy de Madeira y soy adicta a los viajes (y ya parece los Alcohólicos Anónimos).

Estudié Psicología e Intervención Psicosocial, hablo 6 idiomas, he vivido en 5 países y he explorado más de 30. Soy una curiosa, apasionada e incansable exploradora. Mi objetivo es vivir mucho y sentir todo, de todas las maneras.

Todo comenzó con la famosa pregunta: ¿Qué quieres ser cuando seas grande? y yo contesté: “Quiero ser como Cristóbal Colón y descubrir el mundo” y entre los muchos comentarios y risas, me dijeron que el mundo ya había sido descubierto y que tenía que elegir otra profesión.

Y así fue, cambié mi vocación, o al menos eso pensé, y salí por primera vez de mi querida isla cuando tenía 18 años para estudiar en Algarve. Me encantó. Todo era nuevo y emocionante y poco a poco empecé a viajar por toda Europa con amigos y conocidos, aprovechando vuelos de bajo coste, promociones de tren y autobús y hostales de 10 o más camas. A partir de entonces, viajar se hizo más fácil y yo empecé a querer más, mucho más.

Decidí participar en un intercambio de estudiantes en el sur de Brasil y vivi casi 1 año en este mi segundo querido país. En este punto, el insecto del viajero empezó a crecer.

Exploré Brasil de norte a sur, visité Argentina y Paraguay y cuando volví, ya no era la misma persona. Para mi viajar es como jugar a un videojuego que cuando se pasa un nivel, se desea seguir jugando y pasar al siguiente. Entonces, los límites y las barreras se rompen y la adrenalina y emoción aumentan en cada aventura.

 

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Terminado el curso, decidí ir a vivir a Lisboa. Allí trabajé de camarera, teleoperadora, recepcionista, promotora, etc, y entre el listado de trabajos temporales de los que iba saltando, la insatisfacción laboral y la frustración profesional, me llevaron a una intensa experiencia en Sudáfrica. Allí estuve con familiares lejanos y cada momento fue fantástico. Ya no quería volver, pero la falta de dinero y la inseguridad del país, me llevaron a realizar unas prácticas profesionales en Madeira para recuperar las energías y organizarme para el próximo vuelo. Y un 1 año y medio más tarde, el vuelo llegó.

Me inscribí en una Maestría en Barcelona y entré. Uaauuu! Mi vida empezó a convertirse en todo lo que imaginaba. Esta ciudad abrió ilimitadas puertas y ventanas en mi mente. Una de las historias que no puedo dejar de contaros, fue una intensa y abrumadora pasión que viví con otro viajero del mundo. Sus historias y su forma de ver la vida, me inspiraron y empecé a interrogarme: “Si él pudo vivir todas estas cosas en tantos países, ¿por qué yo no puedo?”.

Y así, 2 años más tarde, volví a cambiar de país y me mudé a México para hacer el proyecto de Máster. En este mi otro rincón del mundo, viví experiencias únicas, trabajé con niños de la calle, hice amigos maravillosos y exploré al máximo. También visité Colombia y otros países, viviendo “mil” aventuras pero al final tuve que volver a casa debido a una hepatitis ganada en la mejor labor humanitaria de mi vida: un proyecto comunitario con los indígenas del estado de Guerrero. Otra larga historia.

¿Saben?, lo más curioso de mi vida no son los destinos, sino todo lo que me llevó a cada uno de ellos. Yo siempre digo que no elijo el país, es el país el que me elige a mí. Tengo la suerte de que, a pesar de tantos cambios y ausencias, hago y mantengo buenos y verdaderos amigos y gracias a ellos pude viajar tanto y sumergirme en cada nueva cultura en cuerpo y alma.

 

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Ahora, de repente, me acordé de cuando pasé una temporada en Polonia simplemente porque tenía una buena amiga que un día me preguntó: “¿Me ayudas en mi trabajo y a cambio te enseño mi país y su cultura?”. Ya se imaginan cual fue mi respuesta, ¿verdad?.

Un tiempo después, y una vez más, debido a la inestable situación laboral (ya que he tenido “mil oficios” y que en este momento puedo hacer casi todo), acepté la invitación de un amigo para cuidar niños en Suiza. Lo mejor de esta aventura es que aprendí francés, hice nuevos amigos para la vida, vi lo que era vivir en una sociedad organizada y como tenía más dinero y tiempo, viajé mucho.

Si me preguntan si me gustó vivir en los Alpes suizos, no puedo decir que sí. Fue muy difícil pasar los fríos inviernos en las montañas y no tener mucha libertad para hacer lo que quería, sin embargo ¿si mereció la pena? ¡Obvio! “ya que todo vale la pena cuando el alma no es pequeña.”

Confieso que lo mejor de Suiza fueron las oportunidades de viaje. Para mí, explorar Europa del Este durante un par de meses con sólo 600 euros en el bolsillo y sin planes o expectativas, fue una aventura excepcional e indescriptible. Conocí más de 10 países y la forma cómo llegué a cada uno de ellos, guarda una historia intrigante y enriquecedora que sólo yo sé cómo saborear. Debido a varios auto-stop y a los inmensos couchsurfing, pude moverme sin pagar y sobretodo conocer muchas personas. Hoy puedo asegurar que no es un cliché la frase: “son las personas las que hacen los lugares” y estoy eternamente agradecida por cada encuentro y conexión hecha a lo largo de mi camino.

Es cierto que viajar solo es transformador y fascinante, pero al final nunca estamos solos, la gente nueva que llega y se va, nos deja un mundo de sentimientos y aprendizajes que llenan el alma y te acompañarán por dentro.

También gracias a la experiencia en Suiza, viajé con las familias que con las cuales trabajaba a Italia, Estados Unidos y las Bahamas, ya que querían disfrutar de sus meses de vacaciones y tiempo libre sin los niños alrededor. Y como yo no soy capaz de decir “no” a un viaje, me fui a hacer de niñera de gente rica, disfrutando de otro tipo de viaje donde los bancos de jardín, los aeropuertos, estaciones y casas de desconocidos fueron reemplazados por Resortes 5 estrellas con todo incluido.

Al final, conseguí trabajo como psicóloga social con las prostitutas de Ginebra y todo salió perfectamente bien, todo lo que había soñado comenzaba a concretarse, pero no era feliz, no me identificaba con el país y con su funcionamiento. Así que decidí dejarlo todo y empezar una nueva vida, de acuerdo con lo que mi corazón me dictaba y no con lo que se suponía que debía hacer, y me fui a explorar la selva amazónica de Perú hasta que mi visa expirase.

La experiencia en Amazonia fue la más reveladora y espiritual de mi vida. La fascinante y grandiosa Pachamama y los intensos encuentros con los nativos, me hicieron recuperar una paz y una conexión con el universo ya casi olvidada.

 

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Hoy puedo decir que soy una mujer feliz, segura y orgullosa de la vida que elegí. Ahora, me falta explorar Asia y Oceanía, y aquí estoy, con los brazos y los sentidos abiertos esperando que una nueva persona u oportunidad me lleven a esta parte del mundo que yo todavía no conozco.

Me despido con el más profundo deseo de que al compartir con todos vosotros mi sed de aventuras y este mi afán de ver y ser más y mejor, estén convencidos de que la SUERTE EXISTE, PERO DA TRABAJO, y que QUIEN QUIERE, PUEDE!

 

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3 COMENTARIOS

  1. Que articulo tan motivador! Parece una persona que no solamente viaja sino rellena sus viajes con historias! Espero que alcance sus sueños!

  2. Historia que transmite muchísimo! Felicitaciones Joa! Nadie vuelve a “ser el mismo” despues de cada viaje.. Hace 2 años salí de mi zona de confort y emprendí la aventura… Soy feliz!

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