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viajar a Tailandia como voluntaria

¡Hola, lectores! Me llamo Gloria y soy de Ceuta. Estudié Filología Alemana y me dedico a la enseñanza de idiomas.

Después de que muchos amigos, conocidos, y no tan conocidos, me preguntasen cosas sobre los viajes que hacía, decidí abrirme un blog y empezar a publicar. Así nace Goyi Fog.

No puedo contar con los dedos de la mano las veces que me han preguntado sobre el voluntariado que hice y cómo lo encontré. ¡Ahora me gustaría compartirlo con los lectores de TrabajarporelMundo.org y animaros a dar el paso!

Me fui con Workaway, una página para encontrar voluntariados internacionales.

Decidí irme durante un mes de verano a Tailandia y buscar un voluntariado que me gustase. Busqué si había alguno relacionado con la enseñanza en un colegio y, ¡sorpresa! ¡¡Había muchos!! Leí varias ofertas de empleo para trabajar en colegios enseñando inglés y seleccioné tres que me habían gustado bastante.

Les mandé un mensaje a cada una de ellas. Una no me contestó, otra me contestó y me dijo que tenía que pagar una cantidad de dinero (no pedía mucho) por ayudar a mantener el colegio y otra me contestó que ya era bienvenida y que cuándo llegaba. ¿Sabéis con cuál me quedé?

Pues sí, con la tercera. ¡Mostraron tanto entusiasmo que no me pude resistir! En ese momento compré el billete de avión y les comuniqué las fechas en las que estaría con ellos. Tú eliges qué días y durante cuánto tiempo quieres estar.

A partir de ese momento, intercambié algún mensaje con ellos para que me informaran sobre la vida allí, mi trabajo o las vacunas necesarias. Pero no obtuve mucha información por la dificultad de entendimiento con el idioma. Por eso, tuve que buscar y rebuscar la información que me faltaba en diversas páginas de internet e incluso realizar consultas en diversos organismo estatales del país.

Me dijeron que trabajaría de lunes a viernes entre tres y cinco horas al día y que, los fines de semana los tendría libres. Me dijeron también que no me preocupase por el alojamiento, porque me quedaría en casa de alguna profesora. Y que tampoco me tendría que preocupar por la malaria, porque no había por la zona.

* La malaria es una enfermedad que se transmite mediante la picadura de un mosquito que se encuentra en parte del Sudeste asiático, África o América del Sur y produce alteraciones en la producción de los glóbulos rojos.

Quedaba un mes para irme, pero no volví a hablar más con ellos.

Un par de días antes de coger el vuelo, volvimos a mantener contacto y me dijeron que la señora con la que viviría, es decir, “mi madre”, estaría esperándome en el aeropuerto de Bangkok.

Todo salió rodado. Efectivamente, al llegar estaba allí esperándome ella con otra profesora del colegio donde yo trabajaría y con el voluntario filipino al que yo le haría el relevo.


Condujimos durante una hora hasta llegar a Saraburi, región y ciudad en la que yo viviría durante un mes. Como os he dicho, me alojé con una profesora del colegio donde yo trabajaba. Aunque bueno, más que “profesora” o “señora”, se convirtió en mi madre. Y lo digo con todo lo bueno que eso implica, pues me trató como a una hija. Puedo decir que vivía como una auténtica tailandesa.

Entre semana iba al colegio a trabajar y los fines de semana me llevaba a hacer excursiones a lugares cercanos y ciudades lejanas que, en la mayoría de las veces, era ella la que invitaba.

El colegio donde impartí clases durante un mes, era pequeño, con sólo 45 alumnos y 5 profesoras. Me acogieron de maravilla. Tenía un grupo de alumnos de infantil y seis cursos con alumnos más mayores, de hasta los 12 años.

Yo, impartía clases a todos los grupos menos al de infantil. Pero, como había poquitos alumnos en cada clase, se agrupaban en tres niveles. Así, podía dar clases de inglés durante tres horas seguidas. Una por cada nivel. Cuando terminábamos y sonaba el timbre, íbamos uno por uno directos a la cocina a coger un plato para servirnos la comida.

Mis niños?

Una publicación compartida de Gloria Vargas-Machuca Sales (@gloriavms) el

Te animo enormemente viajar a Tailandia. Aparte de ser un país con unos paisajes preciosos, la sociedad tailandesa es tremendamente acogedora.

En ningún momento me sentí como una extranjera, como un “farang” (como ellos dicen). Los niños me adoraban y, aunque no tengan nada, te lo dan todo. Cada día me regalaban algo, un detallito como un caramelo o un dibujo, pero me lo daban con mucho entusiasmo y felicidad. Y los adultos intentan que tú, como extranjero que eres, te lleves lo mejor que el país pueda ofrecerte.

El nivel de inglés que tenía la mayoría de las personas con las que traté, era muy básico. ¡Pero no hay que tener miedo! Fue más que suficiente para poder comunicarnos. El nivel que tenían los alumnos era el mismo. Por eso, es recomendable hacer una enseñanza divertida basada en juegos, para mantener la motivación y atención.

Aquí tienes una guía gratuita aprender inglés.

Así que ya sabes, si quieres y te animas, te invito a quitarte el miedo de hacer un voluntariado sola. Es una manera genial de viajar, conocer otras culturas y ayudar un poquito a los demás.

Un abrazo,

Goyi

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