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De fracaso a crear el Instituto de la Asistencia Virtual

Con tan solo 16 años, una profesora citó a mi madre en el colegio para darle el siguiente mensaje:

“Lo mejor será que Esther comience a pensar en qué quiere trabajar porque no sirve para estudiar”.

¿Duro, no?

No me da ninguna pena contarlo, alto y claro. Porque, en realidad, no pienso que mi rendimiento académico, ni mis conocimientos dependieran nunca del concepto de educación tradicional con el que trabajaba la profesora de la que te hablaba.

Ella nunca me vio devorar todos y cada uno de los libros de la biblioteca del colegio, ni cómo aprendía de cualquier cosa que entraba en mi radar, después de acabar la tortura de la tarea.

Y así comencé pronto a trabajar, a saltar de un puesto a otro… Cierto es que en este tiempo de mi veintena, los recursos económicos no eran un problema para mí, sino que me enfoqué mucho más en lo que podía aprender de todos y cada uno de ellos.

Por eso, en este artículo, me gustaría invitarte a un viaje por mi historia personal para contarte que si eres de esas personas que cree y defiende la enseñanza alternativa, a la medida de cada uno, tu aventura puede llevarte todo lo lejos que quieras.

Además, al final, tengo una invitación que hacerte si estás pensando en reinventarte y seguir aprendiendo por tu cuenta…

¡Vamos a ser uno más! Y ahora, ¿qué?

Tras mi desengaño con la formación reglada y formal, casi olvidé en un rincón oscuro todo lo relacionado con los libros, los profesores, las tareas, etc. Sin embargo, la situación dio un vuelco interesante, cuando David, mi pareja, y yo, nos enteramos que seríamos padres de una preciosa niña a la que llamamos Dana.

Con ella, tuvimos que desempolvar todo aquello que nos parecía tan lejano y comenzar a decidir acerca del futuro escolar que queríamos para ella.

Después de Dana, he sido madre 2 veces más, de Cora y Alan. Y con ello he abierto puertas en mi vida que ya nunca podré cerrar: la maternidad es una potente experiencia de crecimiento y motivación que me ha hecho ser más yo misma, vivir mi vida con coherencia, ser leal a mis hijos y a lo que deseo enseñarles.

A lo largo de esos 10 años, aprendí que:

  • Estoy inmensamente agradecida por haber nacido en este momento de la historia y por todas las ventajas y posibilidades que nos ofrece estar conectados a Internet.
  • Mi camino profesional tenía que discurrir al lado de mujeres, ayudar a mujeres en su camino, mostrarles mi experiencia, mi recorrido y acompañarlas en su crecimiento.

Y así, pasito a pasito, llegó a mi vida la Asistencia Virtual.

El paso previo al Instituto de Asistencia Virtual: el mundo de los negocios online

O lo que podría ser lo mismo, de cómo aprender a base de bofetadas con la mano abierta. Porque, amiga, emprender es un Máster en sí mismo, en el que no sólo cuenta lo que sabes, tu expertise o lo que aprender por el camino, sino como de bien te conoces tú misma y cómo gestionas tus emociones.

Mi primer intento no funcionó como esperaba, porque con el tiempo entendí que no era el momento, no era la idea, ni las circunstancias…

Sin embargo, esto me dio pie a replantearme algo: ¿qué podía ofrecer en base a mi experiencia, mis conocimientos y que me reportara ingresos en cuanto comenzara?

Y ese fue mi momento eureka: la Asistencia Virtual había llegado a mi vida para quedarse.

Me sentía como pez en el agua y reunía todo lo que me gustaba. Tenía claro cómo funcionaban los negocios online desde dentro, qué acciones o áreas se requerían para que la maquinaria funcionara cual reloj suizo y disfrutaba haciendo un poco de todo (bendito, multi-tasking) desde la retaguardia de otros proyectos potentes a los que podía aportar e impulsar con mi trabajo.

Aunque, como podrás imaginar, soy inquieta y me gusta dar caña, ¡soñar a lo grande!

Mi andadura como Asistente Virtual

Desde el principio, conté con grandes colaboradores y pronto comencé a llenar los huecos de mi agenda. Disfrutaba con lo que hacía y, día a día, iba dando forma a lo que era importante para mí y llevaba buscando tanto tiempo: la libertad.

Así fue como, de la mano de otros proyectos a los que ayudaba, empecé a descubrir otras herramientas, estrategias y recursos que me apetecía aprender para ofrecer un mejor servicio a mis clientes.

Y ahí, ¡volví de nuevo a la pesadilla de la educación!

Nada. Con el boom de Internet y la explosión de nuevas profesiones relacionadas con este nuevo entorno, la educación se quedaba corta y llegaba tarde. Por eso, decidí dar el primer paso en este camino y seguir aprendiendo como siempre lo había hecho: de forma autodidacta y con formaciones privadas.

¡Gracias s.XXI! El Instituto de la Asistencia Virtual, mi granito de arena

Después de trabajar más de 3 años como Asistente Virtual, sentí que era momento de dar el paso, de ir más allá y revolucionar con mis ideas el mundo.

Internet y el entorno online necesitaba de perfiles formados y actualizados en estos ámbitos y, a la vez, era una estupenda ventana para llegar a más personas, de ayudarlas a dar el paso de salir de su propia mediocridad laboral, tal y como yo había hecho, para vivir siendo libres.

El Instituto de la Asistencia Virtual está creado con la idea de reunir a los mejores expertos en el mundo de las nuevas profesiones digitales y crear las formaciones más punteras e innovadoras en el mundo de la Asistencia Virtual.

Y es que mi sueño más salvaje es que todas aquellas valientes que estén listas para reinventarse profesionalmente, puedan conocer la Asistencia Virtual y dedicarse a ella profesionalmente, ayudándolas a soltar las cadenas que las atan a un tipo de educación y de mercado laboral que no les representa.

¿Te gustaría dar el primer paso? Pues aquí llega la sorpresa de la que te hable al principio, te invito a la Semana de la Asistencia Virtual, unas jornadas con contenidos, recursos, entrevistas y materiales, para que descubras por ti misma si la Asistencia Virtual puede llegar a convertirse en el vehículo hacia la libertad.

¡Me encantará verte por el Instituto!

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