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Cómo superar el “síndrome del buen alumno” o “síndrome del buen estudiante”

Si siempre fuiste el primero de la clase, sacaste un 10 en todos los exámenes y estudiar para ti no era una dificultad, es probable que te identifiques con el “síndrome del buen alumno” a la hora de comenzar tu carrera profesional. 

¿Te ha pasado que pese a ser la persona que siempre se ha esforzado por alcanzar los mejores resultados y calificaciones académicas, parece que dentro del plano laboral no obtienes resultados acordes a tus expectativas y ya nada es como antes?

¿Sientes que personas que no colocan tu mismo nivel de dedicación en las tareas aún así ascienden más rápido que tú?

A este conjunto de sensaciones se les conoce como el síndrome del “buen alumno” o “buen estudiante”.

Si no puedes dejar de hacerte pregunta “¿Por qué lo que funcionaba en el plano académico no funciona en el mundo del trabajo?” y te identificas con los escenarios anteriormente descritos, a través de este artículo descubrirás más sobre el síndrome del buen alumno, qué debes hacer para superarlo para siempre y revelarte ante el mundo del empleo mostrando tu máximo potencial.

Qué es el Síndrome del buen alumno

Se le conoce como Síndrome del buen alumno o “buen estudiante” a la sensación y el conjunto de conductas que adquiere un empleado o profesional que tras una etapa escolar y académica con méritos y logros altamente destacados, entra en un contexto laboral donde pese a seguir cumpliendo las expectativas de sus jefes, el ritmo de superación y avance suele estar “estancado”. 

Las personas que sufren el síndrome del buen alumno consideran que su rendimiento a la hora de llevar a cabo las actividades laborales es eficaz y responsable y aunque sus superiores confían ampliamente en estos, no son reconocidos con mejoras de salario, ascensos u otros beneficios. 

Como respuesta, las personas que experimentan el síndrome del estudiante entran en un círculo del que parece que no hay salida, en donde solo se dedican a ajustarse a las expectativas de otros con la esperanza de progresar, basan su valor en el cumplimiento de éstas, pero rara vez se toman el tiempo de indagar en sus propias expectativas y capacidad de empoderamiento. 

Señales de que podrías estás pasando por el Síndrome del buen estudiante

Si sospechas que lo que estás experimentando en el plano laboral se asocia mucho con las características del síndrome del buen estudiante, estas son las principales señales a las que debes prestar atención: 

Te preocupa más la opinión de clientes, jefes o superiores que tu propia opinión

A todos nos preocupa la opinión de las personas encargadas de evaluar nuestro trabajo; sin embargo, si consideras que tu principal enfoque al desempeñar cada tarea laboral es cumplir al 100 % con las expectativas de este grupo y además, nunca te has planteado alcanzar algo por ti mismo, es muy probable que el síndrome del buen alumno esté tomando parte del control de tu vida. 

Consideras que otras personas siempre están más capacitadas para emitir opiniones sobre tu trabajo

Si además de sentir una preocupación excesiva por las opiniones de los demás, considerás que solo estas personas tienen el derecho y capacidad de votar, calificar y emitir “la última palabra” acerca de tu desempeño laboral y la forma en la cual realizas tus tareas, estás ante una de las formas en las que síndrome del buen alumno coloca cargas y peso del que debes liberarte. 

Vas más allá del perfeccionismo 

Aunque al igual que las personas muy perfeccionistas, te gusta cuidar y controlar los resultados y detalles de tu trabajo en todo momento, además de evitar al máximo caer en cualquier pequeño error, las personas con el síndrome del buen estudiante van más allá del perfeccionismo, ya que no solo se centrarán en realizar un trabajo impecable para ellos mismos, sino un trabajo “perfecto” priorizando los criterios y la conformidad de otras personas. 

Esta podría ser la principal causa de frustración cuando alguien más no está de acuerdo con lo que has realizado. 

Durante tu etapa educativa, todos a tu alrededor te exigían un alto desempeño 

Es muy probable que las personas que hoy en día experimentan las consecuencias del síndrome del buen estudiante, viviesen momentos de alta presión en su etapa escolar y académica, ya sea por parte de padres, representantes, profesores, directores e incluso compañeros de clase que comenzaron a colocarles una etiqueta de “buenos estudiantes” que en algún punto se hizo imborrable. 

Este tipo de presión siempre iba caracterizada por altas expectativas, poco o nulo reconocimiento por los esfuerzos y logros o excesiva exigencia a la hora cumplir todas las reglas e instrucciones, lo que nos lleva al siguiente punto… 

Respetas las normas e instrucciones por encima de todo 

Otra señal del síndrome del estudiante se da cuando no te llevas nada bien con el hecho de romper las reglas, incluso cuando todo indica que es necesario salirse un poco del círculo para finalmente descubrir algo totalmente novedoso. 

Pese a que los demás tienen buenas opiniones sobre tu desempeño profesional y el trabajo que realizas, sientes que no recibes el mérito que mereces 

Está comprobado que los “buenos alumnos” consideran que el verdadero éxito está en hacer exactamente lo que se espera por parte de ellos, lo que los lleva a limitarse únicamente a las expectativas de otros; sin embargo, irónicamente esto puede generar que su trabajo no reciba un alto reconocimiento fuera de la rutina, dando la idea de que todo su esfuerzo no se valora lo suficiente. 

Consecuencias del Síndrome del buen alumno

Hay una serie de problemas que conlleva ir por la vida con la etiqueta de “buen estudiante” en cada oportunidad laboral que se posa frente a ti. A continuación veremos las principales consecuencias que este síndrome desencadena: 

Inseguridad y baja autoestima 

El autoreconocimiento se distorsiona y por ende, es más común que las personas con el síndrome del buen estudiante no desarrollen una confianza positiva sobre sus capacidades personales y profesionales, dejando manchas en su autoimagen y seguridad personal. 

Dificultad para identificar fortalezas y objetivos a nivel personal 

Tras pasar tanto tiempo colocando el enfoque en cumplir los propósitos y expectativas que ha decido alguien más, algunas personas que sufren el síndrome del buen estudiante, terminan con dificultades para reconocer sus propias fortalezas, regalarse la capacidad de emitir opiniones positivas sobre ellos mismos y trazarse sus propios objetivos y criterios sin tener en cuenta la opinión que desencadenan en el resto. 

Falsa percepción del éxito 

El éxito es una decisión muy personal, por ende no existe ninguna definición general acerca de qué es el éxito; sin embargo, las personas con el síndrome del buen alumno tienden a dejar esta decisión en manos de otros y terminan por basar cada resultado que obtienen en el valor que otros colocan. Como consecuencia, se vuelve muy complicado definir un concepto de éxito personal realista.

Temor a salir de los límites 

Por lo general, las personas que experimentan el síndrome del buen estudiante son altamente respetuosas con cada una de las reglas e instrucciones para llevar a cabo su trabajo, y aunque eso puede ser un aspecto muy positivo al inicio, llega un punto en donde en esta serie de conductas, la etiqueta de “buen alumno” es lo único que se fortalece y la evolución profesional se ve truncada por un rechazo a salir del círculo, escapar de la zona de confort a nivel laboral, innovar y alejarse de lo convencional con el fin de destacar entre el resto. 

Al final del día, aquellas personas que han logrado avanzar en sus carreras profesionales y obtener el puesto que desean, probablemente han roto muchas reglas previamente y se han atrevido más de una vez a decir lo que piensan sin esperar validación del otro lado. 

Mayores probabilidades de caer en el burnout 

Para nadie es un secreto que los “buenos alumnos” realizan un muy buen trabajo, llevan a cabo todo su desarrollo de forma eficaz y responsable en el día a día laboral; sin embargo, como seguramente te ha pasado en tu vida académica, es más fácil convertirse en la persona a la que todos acuden a último momento para responder sus dudas, pedir ayuda y delegar una tarea tediosa que otros saben que no rechazarás por miedo a decepcionar expectativas ajenas. 

En un principio, esto puede ser una señal de que haces las cosas bien, pero a lo largo del tiempo, las consecuencias de caer en excesos de carga de trabajo y sensaciones de burnout, son mucho más altas. 

Esto no solo es un problema al nivel de la cantidad de tareas que ahora forman parte de tus responsabilidades sin un reconocimiento extra (mejor salario, mejor puesto laboral, etc…), sino que además existirán más expectativas sobre ti que es muy difícil gestionar de forma simultánea, en especial cuando te preocupa tanto complacer a otras personas. 

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Consejos para escapar del “Síndrome del buen alumno”

Aunque vivir con el síndrome del buen alumno puede verse como un escenario lleno de pesimismo y altas consecuencias para la salud mental, la realidad es que también hay formas de escapar de éste y sobre todo, sacar partido de sus aspectos positivos y energía para hacer un trabajo destacable, no solo para otras personas, sino especialmente para ti. 

¿Deseas explorar las fortalezas del síndrome del estudiante y superar esta etiqueta para que ya no te afecte? Estos son algunos consejos que merece el esfuerzo poner en práctica: 

Trabajar en el reconocimiento de las fortalezas 

Luego de tanto tiempo ciego de tus propios aspectos positivos a nivel personal y profesional, es momento de dejar de lado la opinión de otros e identificar aquellas fortalezas que tú y solo tú consideras que te llenan de alto valor y caracterizan cada una de las acciones que realizas. 

Incluso el mismo hecho de que experimentes el síndrome del estudiante, ya podría darte una pista de algunas de las cualidades positivas con las que siempre puedes contar: seguramente por lo general eres una persona muy confiable, meticulosa,  madura, responsable, diligente, etc… 

La clave está en reconocer y redirigir la energía de esas cualidades positivas hacia ti mismo y construir propósitos y expectativas realistas que puedas cumplir para ti sin la intención de demostrarle siempre algo a alguien externo. 

Establecer criterios personales 

Si uno de los problemas que más te atormentan de experimentar el síndrome del buen alumno es siempre darle mayor peso a las opiniones de otras personas que a las tuyas, ha llegado el momento de pisar el freno y comenzar a priorizar tus propios criterios de evaluación sobre tu trabajo. 

Aunque es altamente gratificante que otros reconozcan que haces un excelente trabajo, no todos tienen que estar 100 % conformes con cada acción que realizas, pero aceptarlo también es parte del proceso de mejorar como profesional. 

La próxima vez que algún compañero o superior te indique algún punto de tu trabajo en el que pudiste haber hecho las cosas de otra forma, incluso si luego te ves obligado a modificarlo, también está bien tomarse un momento para pensar por qué consideraste realizar una tarea de determinada manera y cuáles son los aspectos positivos que reconoces por tu parte, independientemente de la opinión que hayas recibido desde afuera. 

Planificar cambios progresivos 

Es imposible superar el síndrome del buen estudiante de la noche a la mañana, la mayoría de las experiencias que este síndrome desencadena están muy sujetas a aspectos altamente arraigados en la personalidad. Sin embargo, lo que sí es totalmente realista es trazar pequeños objetivos y cambios progresivos que te ayuden, paso a paso, a comenzar a ver el valor que tienes como persona más allá de las expectativas de otros. 

Comienza a planificar objetivos pequeños, por ejemplo: decir “no” a una responsabilidad con la que no puedes cargar en el momento y delegarla a otra persona indicando tus motivos; explicar o defender amablemente un punto de vista con el que alguien en tu trabajo no está de acuerdo; realizar actividades fuera del trabajo que te permitan reconocer aspectos positivos de tu persona más allá del marco laboral, entre muchas otras acciones que progresivamente puedan generar un cambio. 

Bajar el nivel de intensidad de las expectativas sobre ti mismo 

Parte de experimentar el síndrome del buen alumno es vivir la vida dentro de un espiral de expectativas sobre expectativas, donde la principal aspiración que tienes es responder a las aspiraciones de otra persona hasta generar un ciclo del que parece no haber salida. 

Sin embargo, esa alta expectativa sobre ti a la hora cumplir las expectativas de otras personas, necesita relajar su intensidad para poder fluir de forma más sana. 

Intenta ver qué pasa si no colocas siempre el mismo nivel de empeño en tu trabajo con el fin de complacer a los demás en cada pequeño detalle. 

Ojo: no significa hacer el trabajo de forma descuidada o de plano evitar tus responsabilidades, ya que esto podría despertar otras consecuencias. Simplemente se trata de dejar de exigirte siempre hacer más de lo que se espera de ti, esperar algo muy grande a cambio, estresarte de más por un proyecto que no era tan prioritario o reprimir el exponer tus ideas solo porque no se ajustan a las instrucciones oficiales. 

Negociar comunicándose de forma efectiva 

En última instancia, a veces la mejor forma de despegarse de la etiqueta de “buen estudiante” en el mundo del empleo es comunicar tus inquietudes de forma amable y efectiva. Si sientes que puedes tratar este tema en tu entorno de trabajo,  ya sea con tus superiores o incluso compañeros, una forma de liberar las emociones y estrés que produce es exponer la situación, en especial si sientes que otras personas se han aprovechado de ti debido a tus cualidades. 

Comunicar te permitirá poner límites y negociar nuevas formas de sacar partido a todos los aspectos positivos que las cualidades del síndrome del buen estudiante te proveen como trabajador, pero siempre recibiendo el mérito que mereces por tu gran  esfuerzo. 

Conclusiones sobre el síndrome del buen alumno

Si durante este artículo parecía que estábamos leyendo tu mente y tus emociones de lo mucho que te identificabas, para este momento ya deberías tener buenos consejos y soluciones para no quedarte solo con el papel de “buen estudiante” durante toda tu vida y explorar nuevas oportunidades, renovando tu nivel de autoconfianza y expectativas, por encima de complacer las de otros. 

Evidentemente, para avanzar en el mundo laboral, es importante ajustarse a las expectativas de los demás de vez en cuando, pero eso no significa abandonar tu capacidad de innovar, iniciar proyectos por cuenta propia, hacerte más independiente  o aportar nuevas ideas y perspectivas sin temor a salirte un poco de la línea habitual. 

Las personas que logran escapar del síndrome del estudiante o sacar partido de sus aspectos positivos, son aquellas que encuentran el balance entre cumplir las expectativas de sus clientes, jefes y/o superiores con un alto respeto, mientras también se regalan la oportunidad de desarrollar sus propios objetivos, perfeccionar sus fortalezas y no solo basar su éxito en las opiniones positivas de otros. 

Si hay algo de lo que estamos seguros, es del potencial que habita en ti para lograrlo y no solo ser reconocido bajo la etiqueta de “buen alumno”, sino también por convertirte en un excelente profesional.

1 comentario en «Cómo superar el “síndrome del buen alumno” o “síndrome del buen estudiante”»

  1. Hola. Sí, me sentí muuuy identificada. Muchas veces me pregunté qué pasó conmigo, dónde había quedado esa buena estudiante con buenas calificaciones, premiada con buenas notas y reconocida por los demás. Y ahora soy la que hace el trabajo pesado que nadie quiere hacer mientras que los más ineptos son los que reciben los premios, llenándome de enojo y estrés. Gracias, mil gracias por el artículo, fue revelador para mí.

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