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Me llamo Laura, tengo 24 años y soy de Madrid. He estado estudiando Filología Inglesa en la universidad y hace tres años decidí aventurarme y pedir la beca Erasmus para estudiar un año en otro país europeo.

Me la dieron para Olomouc, en la República Checa, y allí que me fui. No voy a entretenerme mucho en explicar lo que ese año fue para mí porque necesitaría escribir un artículo (y más de uno) aparte, pero sí lo suficiente como para que sepáis que, sin duda, marca un antes y un después en mi vida y manera de ver algunas cosas.

Ya había viajado antes al extranjero de vacaciones con amigos y familia, pero estar 10 meses viviendo en un país diferente es una experiencia bastante increíble y curiosa: idioma distinto, diferencias culturales y el hecho de aventurarme a vivir sola por primera vez en mi vida supuso un reto que afronté con más ganas que nervios, y al llegar me di cuenta de que, en realidad, todo el mundo estaba en la misma situación y, por tanto, todos estábamos ahí los unos para los otros.

El intercambio cultural que el Erasmus me ofreció y el crecimiento personal que experimenté gracias a todas las personas de distintos países que conocí, así como todos los países que visité, hicieron que de repente me sintiera más ciudadana de Europa de lo que era antes.

Antes veía el resto de países como sitios a los que ir de vacaciones por un tiempo corto a ver, sobre todo, las principales atracciones que ofrecen. Durante ese año y ahora no veo fronteras prácticamente. Me supone lo mismo coger un avión a Oporto o Bolonia que un autobús a Salamanca, y voy a los sitios con la idea de vivirlos como podría vivirlos una persona que vive allí: perdiéndome por sus calles y yendo a los locales más populares entre los jóvenes sin perder la oportunidad de interactuar con otros viajeros o autóctonos.

De aquí viene mi decisión de volver al extranjero. Al regresar a Madrid, había cambiado de tal forma que hasta decidí cambiar mis aspiraciones profesionales hasta el momento para dedicarme más a la rama del turismo. Tenía muy claro que quería seguir viajando y vivir fuera si podía, así que decidí investigar más sobre las oportunidades que Erasmus ofrece.

Servicio de Voluntariado Europeo (SVE)

Así encontré que no sólo hay programas para hacer tus estudios universitarios o realizar prácticas laborales, sino que tienen también un programa de voluntariado: el Servicio de Voluntariado Europeo (SVE).

Este programa consiste en la asociación de dos organizaciones (una de envío y otra de acogida) que buscan voluntarios para sacar adelante sus proyectos. Hay multitud de proyectos que pueden durar entre 2 y 12 meses, y abarcan varios campos: cultura, juventud, deportes, infancia, patrimonio cultural, artes, cuidado de animales, medio ambiente, cooperación al desarrollo, etc.

El alojamiento, la alimentación y el seguro están totalmente cubiertos y, además, recibes dinero de bolsillo cada mes. Es una buena oportunidad para aquellas personas que siempre han querido hacer un voluntariado y no han podido por problemas financieros. Además, al final del proyecto se da un certificado que ratifica tu participación y que es tenido en cuenta por muchos para futuros trabajos.

Solicité en varios sitios y, unos meses después, me llegó respuesta de Albi (Francia), la ciudad en la que vivo actualmente. Mi voluntariado consiste en enseñar español a alumnos de instituto, especialmente darles apoyo en conversación, y animar y ayudar a los estudiantes de formación profesional a que hagan sus prácticas laborales en el extranjero.

Madeleine ☑

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Otras actividades que hago es enseñar español a algunos profesores que quieren aprender, y preparar eventos que fomenten la tolerancia y diversidad. Me encuentro ahora junto con mi compañera, también voluntaria, y algunos estudiantes de la universidad organizando la Semana Europea, una semana en la que todos juntos haremos actividades que promuevan la unidad, la diversidad y la tolerancia, en unos tiempos en los que todo eso está un poco a la deriva.

El SVE también impulsa a realizar tus propios proyectos personales, para lo cual normalmente los coordinadores de las organizaciones pueden prestar ayuda si se requiere. Aparte de aprender francés, hace poco decidí embarcarme en algo que esté relacionado con el nuevo rumbo que quiero tomar y creé un perfil como guía turístico, para coger experiencia antes de volver a Madrid enseñando la ciudad a las personas que quieran verla con una perspectiva más allá de la del turista de manual. Aquí aprovecho y dejo el enlace por si alguno de anima a venir a Albi.

Dependiendo del proyecto en el que se participe, se tiene más o menos tiempo libre. En mi caso, al trabajar en un instituto, tengo las mismas vacaciones que los alumnos; en el caso de Francia, dos semanas cada cinco o seis semanas. Además, el colaborar también con el departamento de relaciones internacionales hace que mi coordinador me lleve a sus viajes, lo cual me permite no sólo conocer otras ciudades, sino aprender cómo funciona este trabajo.

También, por el simple hecho de participar en un SVE, tienes el derecho a realizar dos seminarios al año en ciudades distintas a la tuya. Yo hice el primero a finales de septiembre en Narbona, y aparte de aprender conocí a otros voluntarios de diferentes países que también están viviendo en Francia. Fue una muy buena semana.

Llevo aquí casi tres meses y no puedo decir nada más que cosas buenas sobre la hospitalidad de los franceses. Desde el primero momento se han preocupado de que esté bien y cómoda. Mi coordinador fue a recogerme en coche al aeropuerto de Toulouse y él y el resto de profesores nos han invitado a mi compañera y a mí a pasar tiempo con ellos y sus familias. Fue muy bueno durante el primer mes y medio para ayudarnos a adaptarnos. No sólo nos abrieron las puertas de sus casas, sino que nos han enseñado la ciudad y llevado a otras ciudades de alrededor y han compartido sus hobbies y actividades favoritas con nosotras, además de que siempre hacen el esfuerzo de entenderte y que te entiendan, animándose incluso a chapurrear el inglés y el español. Gracias a ellos he hecho cosas nuevas como pilotar maquetas de aviones o participar en un programa musical de radio.

La vida en el sur de Francia no difiere mucho de la que llevaba en Madrid. Las calles están llenas de vida durante el día, a la gente le encanta pasear y tomar algo en las terrazas de los bares y cafeterías si hace buen tiempo. En esta ciudad la vida es tranquila, no es muy grande y no hay mucha actividad nocturna. Quizás sea esto lo que más echo de menos de Madrid jajaja.

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Todo empieza antes, los horarios son muy distintos comparados con los españoles. Por ejemplo, la comida es a las 12h y la cena a las 19h, lo cual no está tan mal para días de diario. Las jornada laboral acaba sobre las 20h para prácticamente todo el mundo, se hacen descansos a la hora de comer (12h-14h) y los domingos no se trabaja. Estos horarios les permiten disfrutar de su tiempo con la familia y los amigos.

Les encanta reunirse en las casas y me he fijado que por esta zona la mayoría tienen su propio huerto en el jardín. Es una ciudad y una región en la que el trabajo en el campo es bastante popular, tanto los profesores como los estudiantes y algunas personas que conozco disfrutan trabajando con sus manos y al aire libre. El choque cultural no ha sido tan notable como cuando me fui a vivir a República Checa, simplemente son diferencias pequeñas, como que empiezan a darse dos besos por la derecha en vez de por la izquierda (es un milagro que aún no le haya dado un beso en la boca a alguien en un momento de confusión).

Si se tiene un mínimo de curiosidad por lo que hay ahí fuera, definitivamente recomiendo que no se queden sentados escuchando lo que la gente les cuenta u oyendo lo que dicen en la televisión o internet. Salid, id a verlo. Son muchas las posibilidades que se ofrecen y, una vez se le coge el tranquillo, te das cuenta de que viajar no es tan difícil y hoy en día está al alcance de cualquiera. Hay muchas compañías de bajo coste que ofrecen billetes por menos de 20€, y sí, es seguro, no pasa nada. De hecho, se va igual de cómodo en un autobús a la ciudad de al lado.

Moverse por Europa es muy fácil y económico en tren y autobús, sobre todo en las zonas centrales y aquellos sitios en los que el euro no es la moneda oficial. Siempre está la opción de Bla Bla Car, opción muy extendida por Europa también que puede ser más económica algunas veces. Si eres joven o simplemente no eres muy tiquismiquis a la hora de buscar alojamiento, hay un montón de hostales y albergues a buen precio y en los que puedes conocer a más viajeros como tú con los que disfrutar la ciudad. Hay un montón de programas financiados si lo que se quiere es pasar una estancia larga en el extranjero. Creo que si se tienen las ganas, se puede hacer y, creedme, este tipo de experiencias te curten y cambian como muy pocas lo hacen.

Si hay algo de lo que siempre agradeceré a mi yo del pasado es de haberse animado a salir de la zona de confort y solicitar esa beca Erasmus, por todo lo que me ha aportado y todo lo que me ha enseñado que puedo aportar.

Laura Sánchez
Instagram: Pepi275 // Twitter: PepiSanchez

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