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Trabajar para vivir: la nueva ola

Seguro que has oído, infinidad de veces, la dicotomía trabajar para vivir o vivir para trabajar.

Si lo piensas bien, son dos caras de la misma moneda, la del trabajo. 

Está claro que todo el mundo tiene que trabajar para salir adelante, pero las condiciones en las que se hace son determinantes para llevar un estilo de vida u otro.

¿Estilo de vida?

Sí, es el modo en el que vives tu día a día. El “cómo” vives.

¿Quieres que hagamos un pequeño viaje reflexivo sobre la importancia que tiene escoger entre trabajar para vivir o vivir para trabajar?

Si la respuesta es SÍ te animo a que leas el artículo hasta el final, porque hay sorpresa.

Estoy convencido de que esta lectura no te dejará indiferente, pues está basada en una historia real. Muy real.

Aunque no quiero adelantarme.

Antes, déjame que exponga un concepto que es clave para entender bien todo esto.

Estilos de afrontar el trabajo

En el ámbito laboral, podríamos decir que existen 3 tipos de perfiles a la hora de afrontar el trabajo:

  • Los que odian su trabajo.
  • Aquellos que cumplen con su actividad.
  • Los que aman lo que hacen.

Los que odian su trabajo son personas que, por diversos motivos, acaban desarrollando una actividad que les disgusta.

Por tanto, dedican gran parte de su día a hacer algo que le parece aburrido, tedioso, ingrato o simplemente monótono.

Por otro lado, están los que cumplen con su trabajo. Permíteme que te confiese algo muy personal, hasta hace poco yo pertenecía a este grupo amplio y normalizado. Pero eso te lo cuento luego.

Son personas a las que no les disgusta lo que hacen, aunque tampoco les motiva o apasiona. Vamos, que no sienten ni frío ni calor.

Pasan la semana de puntillas, haciendo lo justo para cumplir, y lo llevan a cabo porque “es lo que toca”. ¿Conoces a alguien así? Seguro que sí.

Por último, está el selecto y reducido club de los que aman lo que hacen.

Quizá sea vocacional, o quizá no, lo que sí es seguro es que durante su jornada laboral disfrutan, de una manera u otra, y no contemplan un cambio vital porque sienten que llevan una vida plena.

Ahora que hemos visto los 3 perfiles, ¿cuál de ellos eres tú?

El problema de vivir para trabajar

Cuando alguien dice la expresión “vivir para trabajar” se está refiriendo al estilo de vida de una persona que pasa la mayor parte del tiempo ocupado en su actividad laboral.

¿Esto es malo? Pues depende.

Y aquí es donde entra en juego la clasificación de los 3 perfiles que vimos en el punto anterior.

Si te pasas la mayor parte del día trabajando en algo que te gusta o apasiona, es bueno.

Irás por la vida con una sonrisa de oreja a oreja, desde primera hora de la mañana hasta que te acuestas.

¡Y eso es genial!

Pero si tu perfil es uno de los dos primeros, porque odias tu trabajo o eres de los que cumples, quizá ya no sea tan satisfactorio pasar la mayor parte del día ocupado de esta manera.

¿Ves la diferencia?

En estos casos, cuando cumples jornadas maratonianas realizando funciones que no te gustan, surgen sentimientos negativos como la insatisfacción laboral o el burnout, que derivan en problemas más complejos cuando la situación perdura en el tiempo.

¿Sabes que tu cuerpo te envía señales sobre cómo te sientes?

Basta con que te fijes en tu propia sonrisa.

Por ejemplo, está la sonrisa ligera, esa que apenas se nota, aquella que se expresa con inseguridad, duda, falta de confianza, o incluso por compromiso.

O la sonrisa intermedia, un poco más intensa que la anterior, en la que las comisuras de los labios se levantan notablemente, y que expresa sensación de bienestar.

Por último, está la sonrisa de la felicidad, la que transmite satisfacción y alegría. En este caso se ven todos los dientes, incluso los ojos pueden llegar a cerrarse.

Un buen indicador para saber si estás atravesando un momento más o menos feliz es la sonrisa.

Haz un ejercicio interno, privado, y fíjate en las veces que sonríes al día, y qué tipo de sonrisa es la que predomina.

Cuando vives para trabajar, y además lo haces en un trabajo que no te apasiona, lamento decirte que, tarde o temprano, tus sonrisas perderán frecuencia y calidad.

Y es ahí cuando surgirán espontáneamente algunos pensamientos tóxicos, de manera recurrente, como que pasas poco tiempo con la familia, o echas de menos el tiempo libre para dedicarlo al deporte, tocar la guitarra o practicar yoga en la montaña. O lo que sea que te guste hacer.

Sé lo que se siente porque yo pasé por ahí.

Por desgracia, es una realidad que vive mucha gente en nuestra sociedad.

Miedo al cambio

¿Por qué hay tantas personas en esta situación y no hacen nada para cambiarla?

Principalmente por miedo. Miedo al desempleo, a perder el estatus, a renunciar a “beneficios” económicos… Temor al “qué dirán”, al fracaso…

Y el miedo inmoviliza. 

Cuando el corazón te plantea un cambio, tu cabeza sólo ve obstáculos. Y todo sigue igual. Día tras día. Semana tras semana. Mes tras mes. Año tras año.

Entonces, ¿qué hacer en estos casos para cambiar la situación?

Porque estarás de acuerdo conmigo en que desaprovechar la vida trabajando en algo que no te gusta no es una decisión inteligente. ¿Cierto?

Bien, lo primero es no dejarse intimidar por los miedos e inseguridades, porque te paralizan, y te impiden tomar decisiones que podrían mejorar tu estilo de vida.

Una vez hayas vencido a tus miedos, lo más inteligente es buscar alternativas que te acerquen a la vida que deseas llevar.

Porque hay una cosa que está clara, si no buscas ni te mueves nada cambiará.

Si aspiras a disfrutar más de la vida, a saborear cada día, a disponer de más tiempo para hacer lo que de verdad deseas, la solución pasa por tomar decisiones que cambien el rumbo que llevas.

Trabajar menos para vivir mejor

Ahora te contaré algo muy personal: cómo pasé de llevar una vida gris a disfrutar todos y cada uno de los días de la semana.

Hace tiempo, cuando trabajaba por cuenta ajena, dedicaba unas 12 horas al día a realizar funciones comerciales en una importante empresa.

Tenía poco tiempo para estar en familia, llegaba cansado a casa, y con estrés acumulado. Incluso había algunos fines de semana que no conseguía desconectar del trabajo.

A cambio, recibía una buena nómina, coche nuevo, móvil, portátil, comía en los mejores restaurantes, bla, bla, bla… Pero no me sentía feliz.

La balanza no estaba equilibrada.

Te confieso que cada día soñaba con un cambio vital, deseaba tener más tiempo para vivir, compartir más vida con mi hija, o hacer algo de deporte y ponerme en forma.

Los pensamientos eran recurrentes. Día tras día.

Buscaba en Internet todo tipo de información que me arrojara luz sobre alguna oportunidad que me ayudara a salir de aquella jaula dorada.

Recuerdo que un día estaba buscando información sobre cómo alcanzar la libertad financiera, y llegué a un concepto que jamás había oído: los ingresos pasivos.

Fue el principio del fin.

Comencé a leer sobre el tema, vi tutoriales, escuché podcast, y exprimí todo el conocimiento que hay en la red para ponerme al día sobre cómo reinventarse en el mundo digital.

Conforme pasaban los días veía más claro que era una oportunidad real, soñaba despierto con el día en el que despedía a mi jefe, y cambiaba de vida.

Además, conocí la historia de personas que habían conseguido lo que yo tanto anhelaba, y que vivían de ingresos generados en el medio online. Personas normales, con las mismas inquietudes que yo.

Todos coincidíamos en algo: nuestro objetivo era trabajar menos para vivir mejor.

El camino hacia una vida mejor

Después de estar un tiempo investigando sobre todas las maneras posibles de ganar dinero en Internet, hubo una que me llamó la atención.

Era una idea perfecta para generar ingresos online, sin horarios, sin jefes, y que puede desarrollarse desde cualquier parte del mundo. ¿A que suena bien?

Demasiado bien para ser cierta, pensé yo.

Aun así, mis ganas de cambiar de vida me motivaban a seguir indagando sobre el tema y, un día como cualquier otro, me topé con un taller gratuito que me fascinó.

Era una hoja de ruta que me guiaba hacia el destino que quería ir: emprender mi propio negocio digital.

Lo que más me llamó la atención de ese taller es que es un método contrastado por otras personas, y hay casos de éxito que corroboran que funciona de verdad

¿Quieres saber cuál es ese método? La afiliación profesional

La emoción que sentía me empujaba a seguir aprendiendo sobre esta manera de generar ingresos, recuerdo que cuando terminaba la jornada laboral me ponía delante del ordenador y dedicaba dos o tres horas a este nuevo proyecto vital.

Noche tras noche. A veces, incluso algunas horas el fin de semana.

Hasta que un día, una formación se cruzó en mi camino y me planteó el mayor dilema de mi vida: ¿estás dispuesto a apostar por ti para conseguir lo que tanto anhelas?

Y la respuesta fue un rotundo sí.

A partir de ahí, en ese preciso momento, empezó el camino hacia una vida mejor.

La formación me dio un conocimiento profundo sobre el marketing de afiliación, desde un enfoque profesional, y me permitió desarrollarme en una profesión que cada día está más demandada.

Miles de empresas, Amazon, Nike, Netflix, Aliexpress, Decathlon, y un sinfín de compañías que operan en el medio online, ya tienen su propio programa de afiliados.

¿Ves la oportunidad que supone esto?

Por si no lo sabes, la afiliación consiste en promocionar o recomendar productos de terceros y cobrar una comisión por cada venta realizada.

Por ejemplo, imagina que tienes una página web donde la temática es la jardinería, y en ella escribes artículos interesantes para personas que buscan información relacionada. 

Si en tu página web recomiendas productos de cualquier empresa con programa de afiliados, como puede ser Amazon, y tus lectores compran alguno de esos productos que has recomendado, accediendo desde tu enlace, te llevas una comisión.

Sí, así de fácil. Y he dicho jardinería por poner un ejemplo. Pero puedes recomendar cualquier artículo que se venda en Amazon, entre otras plataformas (cada día hay más).

Pero espera porque el mundo de la afiliación se está expandiendo a un ritmo vertiginoso, y las oportunidades de negocio se multiplican.

¡Ahora también puedes ser afiliado de cursos online!

Desde que empezó la pandemia el consumo de formación en Internet se ha disparado. Cada día son más las personas y empresas que apuestan por la formación online.

Por este motivo, son muchos los infoproductores (los que crean los cursos) que buscan afiliados para que les ayuden a promocionar sus formaciones, a cambio de una comisión importante (suelen rondar desde el 30% hasta el 50%).

Esto que puede parecerte extraño, complejo, incluso difícil de conseguir, es más sencillo de lo que piensas. Te lo dice una persona que en apenas 8 meses ya estaba generando ingresos. Y partía de cero.

Repito, de cero. No sabía nada de nada.

Por ese motivo busqué ayuda, y me formé con el mejor en la materia.

Ahora, no sólo tengo varias páginas web propias, generando ingresos, sino que me han ofrecido trabajo de Affiliate Manager en alguna empresa que apuesta por la afiliación profesional para dinamizar las ventas.

¿Sabes por qué me ofrecen este tipo de trabajos a pesar de no tener mucha experiencia?

Porque en estos momentos no hay profesionales especializados.

Dentro de unos años habrá mucha competencia, porque serán muchas las personas que se habrán formado en la materia, pero ahora mismo sólo estamos unos pocos que vimos la oportunidad y nos decidimos a aprovecharla.

La buena noticia para ti es que todavía estás a tiempo. Ahora es el momento perfecto, porque el mercado se está agitando, y la tendencia del marketing de afiliados es alcista a nivel mundial.

Si te atrae el mundo de la afiliación profesional, y te gustaría profundizar más sobre este apasionante modo de ganarse la vida, me encantará ayudarte en el camino. 

Apúntate aquí, y recibirás información de valor para convertirte en afiliado profesional.

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